martes, 15 de septiembre de 2009

¿Por qué no nos gusta leer y escribir? Autor: Profr. Heriberto Martínez Bautista

INTRODUCCIÓN La actividad técnico pedagógica representa un gran compromiso para quienes estamos involucrados en ella. La actualización y la formación permanente de los maestros es la esencia de quien participa en esta labor. El presente trabajo señala a la lectura y la escritura como habilidades fundamentales en el proceso educativo, además del compromiso de la escuela como institución formadora de ellas. Se plantean también, vicios y actitudes negativas en la práctica de los profesores que impiden el desarrollo óptimo de la lengua; en este caso, que no fortalecen el enfoque comunicativo y funcional que se maneja en los materiales de español en la educación básica. Al estar en contacto con varios grupos de maestros me he dado cuenta del gran problema que se tiene para leer; para comprender e interpretar diferentes tipos de textos. De forma parecida, existe una gran dificultad para escribir. Personas que repiten oralmente lo que está escrito, pero que no entienden o pueden explicarlo con sus propias ideas. Otros son muy buenos para expresarse en forma oral, pero cuando se trata de escribirlo se tienen deficiencias en la elaboración y redacción de textos. Partiendo de la premisa de que no se puede enseñar lo que no se tiene, me atrevo a señalar, desde la autocrítica, que es necesario generar el gusto por la lectura y la escritura como uno de los elementos básicos de nuestra labor como profesores.
¿Por qué no nos gusta leer y escribir? Puede este título resultar una gran paradoja, pues si bien la función de la escuela está encaminada a lograr estos propósitos, resulta contradictorio que se haga este tipo de cuestionamiento. Sin embargo, para estar de acuerdo o no con esta hipótesis, es necesario hacer un análisis de lo que ocurre en nuestras escuelas, con nuestros alumnos, pero especialmente con los maestros para tener una idea con mayor fundamento. Habrá que reflexionar primero acerca de: ¿qué es lo que los maestros leemos?, ¿cuánto tiempo dedicamos a la lectura? y ¿qué es lo que escribimos? Segundo, ¿en qué forma éstas actividades se reflejan en los alumnos que atendemos? Las posibles respuestas nos presentarán un panorama más amplio sobre la situación que se vive en nuestro sistema escolar, pues aunque la reforma educativa tiene el firme propósito de erradicar prácticas pedagógicas anquilosadas, éstas existen aún en la vida cotidiana de las escuelas. Dentro de la labor de asesoría técnico pedagógica, concretamente en el Programa Nacional para el Fortalecimiento de la Lectura y la Escritura en la Educación Básica (PRONALEES), se ha podido observar este fenómeno con cierta frecuencia. Algunos maestros aún siguen utilizando técnicas de lectura y escritura que no favorecen el actual enfoque comunicativo y funcional de la lengua; es decir, se realizan estas actividades sin reflexionar. El llenado de planas, concursos de lectura de rapidez, aprendizaje memorístico de las reglas de ortografía, los ejercicios caligráficos se encuentran aún en la actividad diaria del profesor.[1] Es por ello que, cabe hacer una interrogante a los maestros frente a grupo, a los asesores técnico pedagógicos de cada zona escolar y de los equipos técnicos regionales: ¿de qué manera podemos promover la lectura y la escritura en los alumnos, si en nosotros encontramos grandes deficiencias en estos aspectos? Formar el hábito de lectura y desarrollar la habilidad de escribir es el gran reto que debemos enfrentar desde estos espacios. En los últimos años, se han programado un gran número de cursos y el docente ha sentido la necesidad de actualizarse, o más bien se ha visto forzado por el ritmo que Carrera Magisterial ha implantado. Por este medio muchos maestros comenzamos a tener contacto y a sistematizar la lectura. Sin embargo, tal vez no se haya logrado construir un buen hábito, pues sólo se hace cuando hay un compromiso y se tiene que cumplir. Esto, aunque suene catastrófico decirlo, ya representa cierto grado de avance, aunque todavía existen profesores que su único contacto con la lectura y la escritura son los libros de texto que tienen como auxiliares de su trabajo diario, y la poca escritura se manifiesta en los documentos que les requiere alguna autoridad. Desarrollar la lectura y la escritura es uno de los propósitos que se tienen en el Sistema Educativo Nacional y se enfatiza demasiado en Planes y Programas de estudio, cuando se otorga la mayor prioridad a la asignatura de Español en tiempo y contenidos.[2] Por ello, es necesario repensar la labor docente en lo que a estas actividades se refiere y replantear las estrategias que promuevan un mayor desarrollo en los estudiantes.
LA LECTURA Un gran número de niños y también de adultos aprendemos a leer en apariencia, pero la realidad es diferente, pues poco se entiende lo que se lee. El acto de lectura se realiza en forma mecánica al pasar la vista por lo impreso, pero no se adentra en un proceso de decodificación de las palabras del texto. Para entender lo que se lee, existe la necesidad de procesar el lenguaje, es decir, construir los significados, de forma tal que haya una vinculación entre lo que se conoce y los aportes nuevos que el texto proporciona para interpretar e interiorizar el mensaje. La escuela como institución enfrenta esa grave dificultad, no solo para motivar que los alumnos se acerquen voluntariamente a los materiales escritos, sino también para lograr hacer de ellos, lectores y escritores entusiastas. Es fácil identificar que en la escuela se aprende a leer, ¿leer? Pero leer sin leer, es decir, sin construir significados, sin dotar de sentido al texto con el que se enfrentan los niños.[3] Bajo esta idea se puede analizar el siguiente concepto: “Leer es un proceso cognitivo complejo que activa estrategias de alto nivel: dotarse de objetivos, establecer y verificar predicciones, controlar lo que se va leyendo, tomar decisiones en torno a dificultades o lagunas de comprensión, diferenciar lo que es esencial de la información secundaria. En sí, es un proceso que requiere la participación activa y afectiva del lector” (Solé, 1992-94:90). Muchos niños llegan a la escuela sin un proceso sensibilizador que los haya hecho acercarse a la lectura y la escritura; en gran parte de los hogares de nuestro Estado o bien de nuestra Región, para precisar aún más, no existe el ambiente alfabetizador propicio que vincule al niño con los libros, la lectura y la escritura. Ello de entrada, representa un obstáculo: los libros, ¿qué son?, ¿para qué nos sirven?, ¿qué podemos encontrar en ellos? Preguntas que no solamente habrá que hacer a los niños, sino a los padres de familia y a los propios maestros. Si el niño desde pequeño vive en un ambiente alfabetizador donde se lee y escribe, donde se relaciona con materiales que despiertan el deseo de saber algo sobre la lengua,[4] se favorecerá su desarrollo y gusto por la lectura y la escritura. Sin embargo, llega a la escuela y se enfrenta con una serie de actividades, prácticas, mecánicas y repetitivas en su enseñanza que poco fortalecen su acercamiento a ellos. Por ejemplo: en nuestro medio, se puede observar que en las áreas urbanas algunos hijos de profesionistas llegan a la escuela con un nivel de relación con los textos, un tanto diferente al de los niños de las áreas marginales y rurales, ya que poco acceso se tiene a ellos. La lectura es una acción reflexiva encaminada a la interpretación y comprensión de las ideas que se tienen enfrente en forma de texto. La clave para presentarla a nuestros alumnos es no hacerla ver en forma tediosa y aburrida, sin que le signifique algo y despierte su interés; por el contrario, hay que hacerla sentir como una posibilidad, un medio, un vehículo que puede transportar al lector en tiempo y espacio a la fantasía, al saber, al conocimiento y al placer. La formación del hábito de leer se va adquiriendo paulatinamente, hay que respetar el nivel de desarrollo de cada persona; en este caso de los niños, y comenzar con lectura de textos pequeños, agradables y que se quede claro por qué y para qué se va a leer. Por otra parte, en la escuela constantemente se está evaluando la competencia lectora de los alumnos, pero se dedica poco espacio para enseñar las estrategias necesarias para que se tenga una correcta comprensión.[5] Existe una diferencia entre aprender a leer o leer para aprender, según comenta Solé, esto es: “...cuando leemos para aprender a partir de un texto, la lectura es distinta, más consciente y dirigida, más controlada, más pendiente de un objetivo o demanda externa; los textos presentan un conjunto de particularidades que requieren atención y procesamiento especifico.”[6] Cualquier tipo de impreso, ya sea libros, periódicos, carteles, anuncios, avisos, murales, etc.; son importantes para el lector, pues se convierten en objetos de interés que hay que curiosear y descubrir su contenido. Encontrar su significado y su sentido social lo convierte en una atracción para niños y adultos. LA ESCRITURA El desarrollo de la escritura no está desvinculado de los demás componentes del Español. Un buen escritor debe ser un buen lector, tener habilidades para expresarse correctamente y estar continuamente reflexionando acerca de los usos comunicativos y funcionales del lenguaje. En los Planes y programas de estudio[7] se nos menciona que el aprendizaje de la lengua escrita es un proceso permanente que no termina en algún grado de la primaria; que a mayor contacto con materiales escritos y personas alfabetizadas, el camino será más fácil en la formación de lectores y escritores autónomos. La escritura en la escuela, tal como existe aún en las prácticas recurrentes de muchos compañeros como son los dictados, las copias, la repetición de palabras y oraciones, no permite el desarrollo del niño hacia más y mejores aprendizajes. La ortografía, como uno de los aspectos de la escritura se trabaja de manera aislada en el aprendizaje de reglas, otorgando un carácter pasivo al alumno, a través de la repetición y memorización de palabras por escrito, buscándolas en el diccionario pero sin lograr establecer el por qué y para qué de ello. Sobre la ortografía en los textos, Palacios de Pizani (2000: 23) nos menciona que... “...la ortografía, así como los demás aspectos convencionales de la escritura, también se construye a través de un proceso que no termina en segundo grado, ni en bachillerato, ni aún en la Universidad; forma parte de un conocimiento, del cual nos vamos apropiando progresivamente a través del contacto con la lengua escrita y es por eso lícito que nosotros, maestros, psicólogos y adultos en general, nos planteemos dudas ortográficas que nos obligan, en ocasiones, a consultar el diccionario o a otras personas cuando hacemos uso de la expresión escrita.” La escritura, nos menciona Frak Smith (1993), no sólo es transmitir información, también ayuda a los niños a crear experiencias y explorar ideas, para compartirlas y mostrar su habilidad de escribir; por ello es conveniente crear un diálogo entre el que escribe y quien lee (cuestionar siempre al texto o al escritor, pensar en las posibles dudas y preguntas que el lector haría). Entender que lo que se escribe se puede repensar, alterar e incluso borrar a voluntad. En la escritura se puede manipular el tiempo y el espacio; cambiar el orden de cualquier cosa escrita, escribir en cualquier parte y condiciones. No es necesario aferrarse a escribir con una formalidad normativa siempre; por ello, el escritor debe desarrollarse paulatinamente y no hay que tener miedo a hacerlo, pues los grandes escritores comenzaron con cosas pequeñas. Por otra parte, este autor[8] menciona que muchos de los salones de clase no son los lugares más adecuados para que los niños aprendan a escribir y que la mayoría de los escritores profesionales serían incapaces de escribir en las condiciones físicas y psicológicas en que se espera que lo hagan los niños. Esto debe hacernos reflexionar como profesores y pensar acerca de la forma como brindamos la oportunidad de producir textos en la escuela: tal vez nuestras rutinas pasivas y arcaicas en nada motiven al alumno a escribir. Hasta aquí, se han planteado varios elementos básicos para ser un buen lector y escritor. Es necesario ahora hacer una introspección, una autocrítica y comenzar por cuestionarnos cuál es nuestra participación dentro de la función técnica pedagógica que realizamos. Comprender que somos producto de una historia, de una formación como lectores y escritores viciada en muchos aspectos que nos impide un desarrollo óptimo. ¿Serán estas las razones por la que no nos gusta leer y escribir? Ante esto, es necesario reflexionar críticamente acerca de nosotros: cómo nos vemos, cómo nos ven los compañeros maestros y finalmente, de qué manera impacta nuestra labor con los alumnos; pues en cualquier circunstancia, debemos siempre pensar en ellos. Leer y escribir. Dos aspectos de la lengua con los que la labor del docente está comprometida diariamente. Dos competencias que debemos desarrollar; primero en lo personal y posteriormente en la proyección hacia los demás. Dos cualidades que deben encaminarnos en un proceso de formación permanente. Pensar que nunca hemos leído todo y que muy poco es lo que hemos escrito.
CONCLUSIONES Y SUGERENCIAS Dentro del proceso educativo de la lengua, los profesores habremos de considerar varios aspectos importantes para la construcción del conocimiento en los alumnos:[9] · Educar a partir de lo que se tiene, pues cada persona aprende la lengua de diferente manera dentro de las posibilidades que su contexto le proporciona y en diferentes circunstancias. · Ser un docente flexible y tolerante que deje hablar a los alumnos; es decir, no gritar e interrumpir a los demás y respetar los turnos de diálogo. · Discutir objetivamente un tema, respetar las creencias de los niños y proponer hablar o escribir para decir algo. · Distinguir entre la descripción de un hecho y la interpretación subjetiva. En este sentido, habrá que despejar la verdad de un texto, descubrir lo explícito y lo implícito. · Es necesario fomentar los valores de la comunicación libre y responsable: objetiva, veraz, comprometida, creativa y solidaria. Para fomentar la lectura y la escritura se sugiere: · Crear alternativas de trabajo para que los alumnos aprendan a leer textos que sean atractivos, que despierten su atención permanente y conseguir que la lectura sea un acto con sentido funcional y comunicativo. · Conviene trabajar los contenidos referidos al lenguaje escrito en educación básica, a partir de textos significativos de uso social, es decir, con vigencia más allá de las paredes del aula y de la escuela.[10] · Transformar el lenguaje oral y escrito en una verdadera herramienta de integración y comunicación, que le sirva a la persona en situaciones reales. · Hacer un uso adecuado de los materiales de Rincón de Lecturas, de las Bibliotecas de aula y de Escuela. · Fomentar la realización de los Talleres de Escritores. · Conviene realizar visitas continuas a bibliotecas escolares y públicas. · Es importante socializar de manera oral y escrita las propias vivencias de los alumnos: los recuerdos, los acontecimientos personales, etc. · Al alumno le hacen falta espacios durante las clases cotidianas para tener momentos íntimos con la lectura recreativa, reflexiva y comentar en equipo las generalidades y características de los textos. · Se recomienda asumir la lectura y la escritura como una actividad agradable, disfrutada, dejando de lado los temores a ser criticados, burlados o corregidos por los demás compañeros. · Que el alumno asuma el papel de lector por gusto frente a los demás, que actúe la lectura; y que mejor si son sus propios textos. · Acercarse a la lectura en el aula, en la escuela, en la calle, en la familia, y tener una actitud cuestionante y crítica hacia los textos. · Aprender a leer para entender al mundo que nos rodea. Confrontar nuestros saberes con lo que escriben otras personas. · Habrá que generar espacios propicios para la lectura y la escritura, entenderlos como procesos permanentes y lentos. Que su fortalecimiento requiere un desarrollo continuo. · Finalmente, nos queda a los educadores el gran compromiso de desarrollar estas habilidades en el ámbito personal, con el firme propósito de “contagiar” a los demás.[11] Jerez de García Salinas, Zac., julio del 2009.
BIBLIOGRAFÍA GÓMEZ PALACIO, Margarita (2000). Iniciación al sistema de escritura, en: La adquisición de la lectura y la escritura en la escuela primaria. México: CNA, PRONAP-PRONALEES pp. 17-20 GRUPO DE LENGUAJE, (1997). Formación de maestros en lenguaje. Santa Fe de Bogotá: Giro Editores GUTIÉRREZ SANTIAGO, Eloisa y Cortés Reyes, Eusebio Andrés (1999). Espacios para acercar a los alumnos a la lectura y la escritura, en Lenguajes e Interacciones. II Encuentro Iberoamericano de Colectivos Escolares que hacen Investigación desde su Escuela. Oaxtepec: UPN. Pp. 53-59 LARA, Luis Fernando (2000). Educar la lengua, en La adquisición de la lectura y la escritura en la escuela primaria. México: CNA, PRONAP-PRONALEES, pp. 11-13 MIRET, Inés. (1993) La enseñanza de la lengua en la educación primaria, en: Signos, Teoría y Práctica de la Educación, Enero – Junio, Gijón, España. Pp. 54-61. SOLÉ, Isabel (1992-94) El placer de leer, en La adquisición de la lectura y la escritura en la escuela primaria. México: CNA, PRONAP-PRONALEES, pp. 89-95. MARUNY, LL., Ministral M., Miralles M. (1993). Por una enseñanza significativa del lenguaje escrito, en Signos, Teoría y Práctica de la Educación, Enero - Junio, Gijón, España, pp. 170-177 PALACIOS DE PIZANI, et al. (2000) Acerca de la ortografía y los signos de puntuación, en La adquisición de la lectura y la escritura en la escuela primaria. México: CNA, PRONAP-PRONALEES pp. 23-32 PLANES Y PROGRAMAS DE ESTUDIO, (1993) SEP, México SMITH, Frank (1996) Mitos sobre la Escritura, en La lectura como instrumento social y de construcción de conocimiento. Zacatecas: SEC [1] El PNL hace énfasis en que en la educación básica se debe lograr un aprendizaje significativo de la lengua y que tenga una valoración funcional para el niño en su vida cotidiana. [2] Se asigna para los grados de primero y segundo de primaria el 45 % del tiempo laborable, y para los grados de tercero hasta sexto el 30 %. [3], Eloisa Gutiérrez Santiago y Eusebio Andrés Cortés Reyes, (1999). Espacios para acercar a los alumnos a la lectura y la escritura, en Lenguajes e Interacciones. II Encuentro Iberoamericano de Colectivos Escolares que hacen Investigación desde su Escuela. Oaxtepec: UPN. Pp. 53-59 [4] Margarita Gómez Palacio (2000). Iniciación al sistema de escritura, en: La adquisición de la lectura y la escritura en la escuela primaria. México: CNA, PRONAP-PRONALEES pp. 17-20 [5] LL. Maruny, Ministral M., Miralles M. (1993). Por una enseñanza significativa del lenguaje escrito, en Signos, Teoría y Práctica de la Educación, Enero - Junio, Gijón, España, pp. 170-177Pag. 173 [6] Solé, Op. Cit. Pag. 90 [7] SEP, 1993 [8] Frank Smith, Ibidem. [9] Luis Fernando Lara. (2000) Educar la lengua, en La adquisición de la lectura y la escritura en la escuela primaria. México: CNA, PRONAP-PRONALEES [10] Maruny, et al. Op. Cit. P. 174 [11] Varias de estas sugerencias han sido sintetizadas de diversos materiales, especialmente de los que en diferentes momentos se han manejado en PRONALES y el Programa Nacional de Lectura.

1 comentario:

  1. De vuelta por aquí.
    Este texto debo de RE-CREARLO y adaptarlo a este tiempo y circunstancias.
    Aunque en muchos aspectos tiene bastante vigencia.

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