ALGUNAS REFLEXIONES PARA INICIAR…
Nos mencionan varios documentos (aparte de experimentarlo en carne propia) que muchos y diferentes cambios en los aspectos sociales, científicos, culturales, económicos y políticos en nuestro contexto han influido en la vida de las personas en los últimos treinta años. Además han ocurrido avances en los medios de comunicación, la información, el uso de la tecnología y que por lo tanto el mundo contemporáneo demanda a la escuela asumir un nuevo rol para poder educar a los estudiantes del presente.
[1] Nuevos aparatos, situaciones, ideas, imágenes, entre otros, que hace veinte o treinta años solo podían estar en nuestra imaginación, ahora son parte del diario acontecer de la población y los mejores receptores y aprendices son nuestros niños y jóvenes estudiantes.
La situación que guarda la escuela pública en estos momentos ante estos requerimientos que la sociedad y los tiempos actuales le plantean, nos hace pensar en una nueva función docente para brindar un mejor servicio educativo a los usuarios. Si bien la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en su Articulo 3o. y la Ley General de Educación visualizan una educación que maximiza esa posibilidad, aún quedan rezagos que no permiten tener una educación con equidad para toda la población.
Desde estos dos documentos se plantea la posibilidad y compromiso del Estado para establecer mecanismos compensatorios para aquellos sectores desprotegidos y marginados a lo largo y ancho del país. También un replanteamiento en los contenidos que se enseñan y aprenden en la escuela, en donde ya no es suficiente el aprendizaje memorístico de conocimientos, sin la posibilidad de desarrollar habilidades para identificar, comprender y solucionar problemáticas que se le presenten al individuo en su vida cotidiana, así como la habilidad para seguir aprendiendo a lo largo de toda su existencia. El otro aspecto que se menciona es el compromiso del Estado para garantizar el ingreso y la permanencia de los estudiantes “por lo menos” en el Sistema de Educación Básica (preescolar, primaria y secundaria).
Este acontecer en el panorama educativo nacional implica tomar decisiones compartidas, pues ni es posible que las autoridades educativas asuman toda la responsabilidad, como tampoco se puede continuar culpando a la escuela y especialmente a los docentes de los fracasos existentes en el terreno educativo. Cada una de las piezas de este gran rompecabezas llamado Sistema Educativo Nacional habrá de actuar con responsabilidad como parte operante de un engranaje donde la conciencia de la importancia de su papel determine la construcción del mejoramiento educativo anhelado por todos, es decir, puede resultar utópico pensar en la mejoría, pero sí es posible si nos lo proponemos todos. La toma de decisiones improvisadas y aceleradas que generan simulación y resistencia por un lado, y las resistencias propias de quienes somos operarios sin que se nos tome en cuenta representan los grandes obstáculos para generar una educación de calidad en nuestro país.
LA ESCUELA QUE NECESITAMOS AHORA…
Ante tal estado de cosas es necesario repensar el papel de la escuela y de la docencia, contemplando primeramente que los retos que se le confieren son diferentes:
Tenemos ahora, la llegada a la escuela de alumnos con diferentes niveles de información y formación, provenientes de contextos con características y situaciones marginales desiguales.
Existen necesidades de aprendizaje variado de acuerdo a la región geográfica donde se ubique la escuela.
El maestro debe cumplir con los requerimientos que los planes y programas nacionales le exigen, pero aparte con otros aspectos que autoridades locales establecen.
Es necesario potenciar la dimensión pedagógico-didáctica como la prioridad de la escuela, más que lo administrativo, lo social o lo organizativo.
Habrá que pensar en el establecimiento de metas comunes por parte del colectivo de docentes a fin de que se comparta la tarea de enseñar y propiciar aprendizajes efectivos en los alumnos.
Se requiere tener una articulación eficiente entre la escuela, familia, sociedad, los medios de comunicación y las empresas.
Tenemos por demás una práctica docente compleja y angustiante para los profesores: entre las exigencias que el propio currículo escolar impone, las exigencias de los padres de familia y aparte el poco apoyo y orientación que se recibe de parte de directores y supervisores.
Ante este panorama que refiere estas características y otras que se pueden escapar, es necesario la construcción de una escuela que modifique su imagen, pero no solo de forma, sino de fondo, en el sentido que hay que repensar la función social que desempeña ante estos tiempos de múltiples cambios y retos. Para ello es preciso hacer las siguientes consideraciones:
Que el Estado y sociedad generen las condiciones para tener una escuela que garantice el ingreso de los estudiantes, pero que se genere y dé seguimiento al paso de los estudiantes por la educación básica.
Una escuela que propicie la menor pérdida de tiempo académico. Entre suspensiones propiciadas desde la autoridad, paros, fiestas, compromisos sociales y más, existe un derroche de tiempo donde los alumnos podrían aprender más y mejor.
Una escuela donde se opere el trabajo colectivo y se comparta una misión y visión; es decir, avanzar en la construcción del proyecto escolar a corto, mediano y largo plazo, y que tenga autonomía de gestión y toma de decisiones para re-crear contenidos curriculares adaptándolos a las necesidades contextuales que se le presentan.
Una escuela que propicie la formación y autoformación de sus integrantes donde la meta principal sea la mejora educativa de sus alumnos y no solamente la promoción personal e individualizada de cada profesor.
Estos planteamientos para lograr una escuela de calidad modifican la concepción educativa que en los últimos tiempos ha operado en nuestro país:
EL SERVICIO DE ASESORÍA
La asesoría a la escuela se ha concebido de diferentes maneras, si bien la figura del asesor es relativamente reciente (Asesor Técnico Pedagógico, Asesor Técnico Regional, Tutor Académico, Asesor Permanente en Centro de Maestros, entre otros), en tiempos anteriores no existía como tal.
La asesoría en la escuela se convierte en una posibilidad pendiente, que poco a poco vamos avanzando en ello pero aún es insuficiente; habrá que consolidar nuestra profesionalización y reconocimiento como asesores, propiciar condiciones laborares de estabilidad y ante todo que sea el desempeño y apoyo a y en la escuela lo que determine las personas que realicen esta función.
Es conveniente pensar en una innovación y actualización científica y didáctica de los docentes, pero partiendo de la necesidad de aprender. Para ello, se requiere el servicio de asesoría donde la especialización también se vaya dando en la escuela en un aprendizaje mutuo donde el impacto principal lo representen los aprendizajes de los estudiantes.
También es importante que el servicio de asesoría llegue a los lugares más apartados, pues hasta ahora se limita a las escuelas de más fácil acceso y cercanía, quedando pendiente el apoyo a centros escolares lejanos y marginados, que muchas veces es donde más se necesita.
Por otra parte, urge revisar esa polivalencia en la función de asesoría
[2], pues en realidad la selección, distribución, evaluación y permanencia de los asesores es muy ambigua; en algunos casos se selecciona, pero los criterios no son precisamente académicos ni valorados por un buen desempeño de apoyo entre maestros. Mientras que hay lugares con varios asesores otros apenas cuentan con el mínimo de ellos, que se encargan más de funciones administrativas. No existe un programa de seguimiento para evaluar si la tarea de asesorar-acompañar a la escuela realmente rinde los resultados que se esperan.
El panorama que se presenta en el contexto nacional, pero particularmente en el ámbito estatal y local, plantea nuevos retos para la escuela, pero una tarea que no debe dejarse de manera individual. Hoy más que nunca el acompañamiento (llámense asesoria, tutoría guiada, mediación) con y en la escuela no representa una moda de principio de milenio. Representa una gran necesidad ante los cambios y la demanda que en el presente se le hace a la escuela pública.
Si de veras queremos avanzar en el mejoramiento educativo de este país, debemos replantear la toma de decisiones conjuntamente todos los actores a fin de que el proceso educativo incida en lograr mejores aprendizajes en los alumnos y mejores formas de enseñar por parte de los docentes. Y en esta tarea, el papel del asesor comprometido e identificado con las necesidades de los centros escolares es fundamental para lograr estos propósitos.
El papel de los supervisores y los asesores en el fortalecimiento de los procesos de enseñanza y aprendizaje de las escuelas de educación básica.
Directivos y asesores tienen gran compromiso en este proceso de formación permanente de los maestros en servicio; pues les compete consolidar los espacios de reflexión académica; así como el ir definiendo los trayectos formativos acordes a las problemáticas escolares; es su tarea el planificar eventos de actualización docente dinámicos y productivos que propicien la interacción e intercambio de experiencias exitosas, de modo que esto ayude al fortalecimiento de las habilidades del docente para la creación de mejores ambientes de aprendizaje en el aula.
La asesoría infiere compromiso, dedicación, actualización y un espíritu de colaboración con los otros; ser asesor es estar dispuesto a decir y hacer en función de los compañeros y sobre todo en lograr ambientes de trabajo donde los educandos aprendan y desarrollen al máximo su capacidad.
A MANERA DE CIERRE…
JUAN CARLOS TEDESCO PLANTEA ALGUNOS DESAFÍOS QUE PARA LA EDUCACIÓN
EN AMERICA LATINA. NOS MENCIONA QUE:
Se ha invertido más en educación.
Se han dado diferentes reformas para descentralizar la administración educativa y se han implementado sistemas de evaluación y avanzado en el otorgamiento de mayor autonomía a las escuelas públicas.
Existe ahora mayor conciencia pública sobre la prioridad de desarrollar la educación como una estrategia básica para el desarrollo nacional.
Sin embargo estos procesos aún son insuficientes ya que existe insatisfacción por los resultados de aprendizaje de los alumnos y plantea varios desafíos:
· Los alumnos llegan a la escuela con diferentes niveles de eduacabilidad, por lo que es necesario generar condiciones de equidad social para que sea posible educar con expectativas de éxito.
· Se han adoptado procesos de transformación en América Latina. Sin embargo, han sido medidas todavía de manera homogénea dirigidas a una población por demás heterogénea. El reto es implementar políticas de transformación atendiendo las necesidades de la diversidad social, económica, política y cultural, centradas ante todo en el cambio pedagógico…
· Por lo que también se requiere una formación profesional de los docentes que responda a estas necesidades. Se plantea la tarea del profesor como un “acompañante cognitivo”.
· La escuela debe posibilitar en sus estudiantes el propósito de APRENDER A APRENDER. Ello modifica la visión de transmitir conocimientos hacia la posibilidad del desarrollo de la capacidad de aprender a lo largo de toda la vida.
· Es necesaria una mayor articulación entre la escuela con la familia, los medios de comunicación y con las empresas.
· En América Latina –en la mayor parte de los países- existe una distribución inequitativa del ingreso, por lo que los resultados educativos están asociados al status social y económico y a las posibilidades de ingreso de las familias. “Los cambios institucionales o pedagógicos tienen un impacto muy poco significativo en los resultados escolares”.
· Las reformas educativas habrán de enfrentar el surgimiento de nuevos pobres: “la urbanización de la pobreza”, mayor marginación en el campo y en las zonas sub-urbanas, con un aumento en el desempleo producto del implementación de nuevas tecnologías de la producción que excluye a la población que no tiene acceso a la certificación laboral.
· Propiciar que los empresarios inviertan en educación en acciones educativas de carácter general y con efectos de largo plazo, más que pensar en el beneficio inmediato del “retorno privado y específico a sus empresas.
Como se puede apreciar, existe un enorme reto para la escuela pública en nuestro estado: las demandas a la escuela son cada vez mayores, lo que requiere una formación y preparación diferente de los docentes, acorde a estas necesidades.
El planteamiento es una formación permanente y continua en y desde la escuela, fortalecida con un servicio de asesoría comprometido con la mejora en los aprendizajes de los estudiantes, la mejora y transformación de prácticas pedagógicas acordes…
Y si queremos como las reformas actuales lo manifiestan: formar alumnos competentes; también necesitamos formarnos como docentes competentes. Pero esto no se logra por decreto, ni de un día para otro. Es necesario propiciar las condiciones desde la autoridad, bajo la conciencia explícita y manifiesta desde los colectivos escolares como una necesidad que rendirá frutos en el mejoramiento de la escuela.
Heriberto Martínez Bautista
Septiembre de 2009
[1] SAAE. Pag. 10.
[2] SAAE, pag. 11.